
La mala educación. No es solo el título de una de las películas del Almodóvar más frustrado, no. Es la plaga del siglo XXI, el virus mortal que todo lo inunda y para el que nadie conoce una cura concreta. Ríase usted de la proscrita gripe A. Esta es extremadamente contagiosa. En fin, no hay escapatoria posible. Aunque hoy por hoy no se considere uno de ellos; un maleducado, terminará cayendo en sus tupidas redes. Tarde o temprano. Acabará olvidando palabras tan bellas como “gracias” o “por favor”. Acabará olvidando el significado de la palabra respeto. Lo malo de esta epidemia, peste o como lo quiera llamar, es que ya está completamente asentada en nuestra sociedad: es frecuente y normal ser un maleducado, incluso está bien visto en ciertos círculos. Las calles están llenas de infectados graves pero en la televisión se encuentran los energúmenos más radicales y peligrosos. Compréndalo, dan audiencia. Los hombres y mujeres maleducados y maleducadas, seamos justos e igualitarios, son tan comunes en nuestro día a día que a veces la aparición de una persona educada y correcta en sus modales nos deja trastocados, boquiabiertos, sin habla. Es como una visión, una rareza. En honor a esta maravillosa minoría, hoy quisiera lanzar un mensaje de esperanza a aquellos que temen contraer este virus tan dañino y pernicioso. Sí, existe la luz al final del túnel, la mariposilla de colores que revolotea entre las tinieblas. Existe la cura. Y si me lo piden por favor, se la diré sin demora. Gracias.
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