
Hay que ver lo raro que es todo. Una intenta desligarse, verlo todo desde fuera y lanzar así una crítica objetiva y mordaz pero a lo máximo que llega es a separarse lo suficiente para ver la estupidez suprema y saber que es imposible no acabar hasta el culo de mierda. No sé si me explico: IMPOSIBLE. Dime cosas que odies y te diré cómo las potencias. Nuevo refrán marca de la casa. Directa o indirectamente somos culpables de que lo que nos rodea sea una auténtica basura apestosa y el día que te das cuenta de eso es el día en que extirpas de raíz la esperanza, positividad, optimismo o cualquier buen sentimiento que ronde tu masa encefálica, es cuando confiesas con las manos levantadas que ya no puedes hacer nada, que tú robaste el banco aunque tu camarada se llevó toda la pasta. Todo es un círculo vicioso, una historia interminable… sólo que, desgraciadamente, no está escrita por Michael Ende sino más bien por uno de los guionistas de Scary Movie 3.
Nos quejamos de todo, pero todo es culpa nuestra, o matizando, seamos piadosos, de la inmensa mayoría. ¿Pero cómo te atreves a decir que los programas del corazón son basura si todo el mundo sabe que no sólo te los tragas enteritos sino que eres de los que mandas mensajes con tu opinión sobre el último ligue de la señorita(¿) Berrocal? Incoherencia. Eso es. No pasa nada en admitir que te enganchas a Gran Hermano, aunque los psiquiátricos estén llenos de gente más cuerda que tú... por lo menos eres coherente, chaval. Algo es algo.
La gente se dedica a aparentar lo que no es con la pueril intención de llamar la atención o de parecer algo menos estúpido de lo que verdaderamente es. Que un adolescente torturado haga eso se puede llegar a entender...ya se sabe...la crisis de la personalidad etc. pero que un adulto se ande con jueguecitos y películas a estas alturas me parece de lo mas bajuno y triste. Sí, veo Gran Hermano, ¿pasa algo? Con dos cojones. Sin querer dármelas de psicoanalista puedo llegar a la conclusión de que todo es culpa de nuestra autoestima o de la falta de ésta. Quizá sea esa inseguridad la que nos hace cambiar de opinión según la persona que tenemos delante, la culpable de nuestra sensible identidad maleable y de nuestra mente incoherente. Es más, directamente me arriesgo a afirmar que la mayoría no tienen una opinión firme de nada en concreto. O sí; los árbitros de la liga inglesa de fútbol son mejores que los de la española...dónde va a parar...
En cualquier caso nada tiene ya solución, es demasiado tarde. La gente no quiere aprender, no quiere pensar, no quiere tener opiniones, no quiere diferenciarse de su propia mascota. No es que no puedan, es que directamente no quieren. Si crees que Gandhi es el último fichaje del Madrid es porque quieres...y no... para ser culto no hay que ir mucho al gimnasio… Para ser culto sólo hay que abrir los ojos, las orejas y la mente y mantener la boca cerrada. Viajar, leer, conversar sobre algo que no sea tu ombligo o el piercing que lo decora.
A lo Martin Luther King puedo decir que una vez tuve un sueño; soñé con un mundo sin gente. Bueno, quizá eso sea un poco radical, mejor un mundo sin gente robotizada, predeterminada e intolerante, sin gente desganada, vaga, débil y condicionada, soñé que las personas volvían a ser personas y no prolongaciones de sus teléfonos móviles, soñé con un mundo sin incongruencia ni deshonestidad. Soñé con todo eso...pero desde la TV la estridente voz de Belén Esteban me sacó de mi estado soporífero de semiinconsciencia y me devolvió a la realidad más real. Andreita, coño, comete el pollo.
QUÉ A GUSTO ME HE QUEDADO.