miércoles, 11 de mayo de 2011

NIHIL NOVI SUB SOLE

Hoy me he dado cuenta de que soy feliz. Mi vida es maravillosa: familia, amistades, estudios. Todo me va bien, los míos gozan de buena salud, me voy de Erasmus…en fin, que como se me ocurra quejarme de algo es que soy la niña más exagerada y amargada del planeta. Pero hay días en que no lo puedo evitar, y no me quejo de MI vida, que conste. Me quejo de todo, de LA vida, del mundo mundial. De este tiempo tan absurdo en el que me ha tocado vivir y en el que, sin querer queriendo, estoy metida hasta el cuello.

De vez en cuando tengo ataques de lucidez, y me abstraigo de todo lo que me rodea, Mourinho incluido (por difícil que parezca), y me pongo a pensar de verdad. No lo que hago a menudo antes de dormirme, no, sino pensar de verdad. Pensar en qué hacemos aquí, cuál es el sentido de vivir hipotecado y ahogado en deudas, de trabajar para ganar menos de lo que deberíamos, de atenerte a unas reglas sociales asentadas en arenas movedizas, de tener que soportar a la gentuza que se autodenominan políticos y son auténticos ladrones, etc. Luego profundizas más y te das cuenta de que o te vas a vivir a una montaña de los Andes o al desierto de Gobi o no te quedan más cojones que zambullirte en todo esto. Japón, la crisis, Wikileaks, Mou, Pep, Egipto, Bin Laden, Carmen Lomana, millones y millones de temas y personajes que pasan por nuestros ojos durante X días, nos dejan una huella momentánea y desaparecen como si nada. Zas. Estamos en la era de la información, dicen algunos. UNA MIERDA. Estamos en la era de la desinformación absoluta, estamos bombardeados por imágenes que nos duran en la retina lo que dura un parpadeo. Estamos acostumbrados a saberlo todo en tiempo real y a olvidarlo todo en tiempo real. No utilizamos esa información que nos llega masivamente para formarnos una opinión, ni para mejorar las cosas, ni para plantear un mañana decente. No, no. No la utilizamos para nada. Sólo hacemos el paripé. Y lo malo es que mi generación está trasladando esta inmediatez a todos los demás aspectos de la vida. Lo queremos todo ya, y lo tenemos. No hemos pasado hambre, no hemos tenido que hacer grandes sacrificios en nuestra infancia, tenemos regalos de Reyes todos los años, tenemos McDonald’s cada 5 metros, tenemos alcohol y discotecas; es decir, estamos aburridísimos.

Esto tan simple es lo que hoy he descubierto; que mi generación está muerta de aburrimiento. No tenemos nada por lo que luchar; no sabemos cómo luchar. En esta época de crisis y cambios no estamos haciendo NADA. Que nos lo den todo hecho, masticadito, que otros nos consigan la vida mejor que nos merecemos. “Desde la salita de estar, revolución del mando a distancia”, como dice Macaco. Yo no sé qué hacer, no sé cómo quejarme, no sé como atemorizar a los políticos, no sé ni cuáles son mis ideas, ni qué coño quiero. Me he acojonado un poquitín cuando me he dado cuenta de que soy así, somos así.

Lo ocurrido en los países árabes es toda una lección de la podemos sacar muchas conclusiones sobre cuál ha sido nuestra actuación hasta ahora y las medidas que tendremos que tomar en el futuro. Pero como todo lo demás; como las guerras, como el Katrina, como la crisis… lo hemos visto y, en un abrir y cerrar de ojos, lo hemos olvidado.



Preciosa...

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